Ya no florecen las flores del jardín, ya no se huele el rocío en primavera.
Mis agotados ojos de tanto llover me pesan, así como pesa en mis hombros tu sinceridad.
Ya no se agitan las olas al viento, ya el ruiseñor no canta.
Mis agitadas manos de tanto idealizar me duelen, así como duele en mi alma tu desesperanza.
¿Dónde se fue el cariño a la vida que nos espera? Y es que nunca estuvo, no había promesas sinceras.
No había lirios en el campo, ni hadas en los bosques. Había solo niebla, reinaba solo duda.
En mí había un sol de nuevos comienzos, pero en ti solo la tempestad en la que estabas tan cómodo.
Recogí mis pies bajo la lluvia, el paragua ya no me cubría.
Recogí mi corazón en el camino, de tu cariño fingido, de tu ilusión fugaz y brillo decadente, de tus ojos vacíos y tu alma rota.
Sostuve mis ganas y mi voz y una línea en el camino me cegaba. Será la última vez que camine sin pensarlo. La incertidumbre que me abrigaba, me niego a recobrarla.
Los versos que para ti guardaba están ahora marchitos. Sin luz, ni llama que encienda nuevamente la antorcha.