El ser humano de palos y hojas, a ladrillos y vestimenta.
De chispas de una piedra, al fogón de una estufa.
Somos un ser supremo, nos adaptamos, sobrevivimos.
Quizá el espíritu dentro de nosotros se corrompa,
quizá no nos merezcamos tal supervivencia
por la corrupción de nuestro corazón,
pero la especie más fuerte sobrevive y siempre,
siempre, lo hacemos.
Con sacrificio, con sangre, con poco corazón;
no importa la forma, pero salimos adelante.
Y ese ímpetu e inmortalidad es la que nos da el derecho de,
cada vez que nos levantamos de las cenizas,
querer conquistar el mundo a nuestro alrededor.
Y quizá nunca entenderemos que es imposible,
pero mientras haya un solo hombre de pie en la faz de la tierra,
seguiremos intentando.
