Veo tus lamentos desesperados,
escucho tus sollozos gastados
y ansío tanto haber estado antes
entre tus alegrías fugaces
y tus rimas constantes.
Cuánto no daría por viajar a esas líneas de desilusiones
y mil sonrisas plantarles,
pero ya eres un poco más frío
}y un poco más maduro
para volver a enamorarte.
Y yo, también, estoy un tanto herida
de tanto encontrarme con piezas rotas.
Estoy un tanto triste
de haber agotado mi última copa.
El cielo ya no despliega los mismos colores sobre el alba,
de tanto caminar descalza se ha cansado el alma.
Un adiós, me urge decirte mientras tengo tiempo.
Tengo miedo, de tanto quererte en silencio.
De tanto admirarte hacia mis adentros
y desear volverte eterno. De tanto amor profesado
que me causa sufrimiento.
Deseo a ratos, aunque sea por un día,
encontrar a quien sepa hacerme poesía.
No encontrar en la puerta zapatos desgastados.
No encontrar en la memoria paraísos inventados.
Una estrella que brilla sin ganas me mira.
Guardo en mi llanto una ilusa fantasía.
Que me mires, como si no hubieras mirado nunca.
Que me admires como si no fuera una esperanza trunca.
Deseo, mas no lo espero. A la feria de injusticias me presenté.
Del camino a las estrellas muchas veces me ausenté.
Se va el dolor, el amor y con eso las ganas.
Pero se aferran los eternos sinsabores a mis canas.
En mis arrugadas manos se sostiene de mi vida el pincel
y cuánto daría, porque lo hubiera sostenido él.