Está bien a ratos, a otros se le olvida.
El frío iracundo la calma y la consuela.
El suelo cede a sus pies y ella cede a caer.
Despegaron muy rápido sus ganas
y se le quemaron las alas en el intento.
El fuego le abraza y arde, pero ya no quema.
Los suspiros se quedan a medias,
al filo de palabras huecas.
Las miradas se voltean y pierden
ante la imponente fragilidad del sentimiento.
Se arrepiente, se tortura,
se enciende el descontento en sus entrañas.
“De nuevo”, exclama, de nuevo vio el vacío
y se adentró a él.
Sin fuerzas, sin compañía.
En ese vaivén de desilusión caminará otra vez.